7 ideas sobre la Fiesta de la Presentación, 3

 7 ideas sobre la Fiesta de la Presentación, 3

3.- A buen ritmo, como LA NIÑA MARÍA:

Continuándo con las 7 miradas a la fiesta de la Presentación nos detenemos hoy en la paciencia.

Las grandes hazañas se logran imprimiendo a los pasos de la vida un buen ritmo, caminando y actuando a buen ritmo, como la Niña María.

Una de las actitudes de María en su Presentación (cfr Lucas 1, 26-56) es la serenidad que brota de la confianza en la Palabra de Dios “no tengais miedo…” Una serenidad fruto de una virtud que cultivo incansablemente María a lo largo de su vida y que nos transmite con su modo de vivir. La imagen que nos acompaña en tantos espacios físicos, diseñada por nuestro padre Fundador, lo expresa perfectamente. No es una imagen estática, está en camino, en movimiento, un movimiento sereno, paciente, paso a paso, con pies descalzos, pasos de niña, peldaños pequeños, pero subiendo…

Niña María

Niña María, detalle.
Escuela Hogar Madre Teresa, Granada

La tradición de la Congregación nos ha transmitido que padre Fundador eligió a María en su Presentación para admirar en ella -entre otras muchas cualidades, su paciencia.

La paciencia* está presente en nuestras vidas y encuentros de forma sencilla, callada, sin artilugios, si no no es paciencia, es exhibicionismo y eso poco tiene que ver con ella. Se expresa en cómo hablamos y escuchamos, en cómo actuamos y nos desenvolvemos. A menudo surge la pregunta sobre si la paciencia es adquirida con esfuerzo o si se nace siendo una persona paciente. Pero plantearse esta pregunta es engañarse a uno mismo pues -la pregunta misma- trata de evadir la difícil tarea de aprender a ser pacientes. Difícil pero apasionante si tenemos en cuenta que la paciencia es un patrimonio intangible, un bien inmaterial que todos podemos cultivar, un poder espiritual que todos tenemos la capacidad de descubrir en nuestro ser más profundo y real.

María, en su existencia dedicada a tareas sencillas propias de las mujeres de la época histórica que transitó y a pesar de los pocos testimonios escritos que han llegado a nosotros, nos testimonió una de las características de las personas pacientes: y es que éstas se dedican a las tareas más sencillas y cotidianas con tanto amor que da la impresión de tener los cinco sentidos enfrascados en la labor. Para ellas ese instante es un momento definitivo al que se entrega como si de esas acciones tan prosaicas de cada día dependiese el destino del mundo. Y en su caso así fue, pero también en el nuestro, no somos insignificantes, ni estamos aqui por equivocación o azar. En cada uno de nuestros pasos, de nuestras palabras y silencios, de nuestras tareas importantes o de apariencia anodina, estamos escribiendo el destino del mundo. Y de una forma muy especial nosotros padres, madres, maestros, escritores, pensadores, periodistas,…y lo hacemos hasta cuando nos atamos los cordones de los zapatos.

Las personas pacientes realizan su trabajo, por insignificante y tedioso que pueda ser, aun cuando nadie los observe, ni les aplauda, de forma tal que ponen en juego su dignidad profesional y se entregan a su función como si el mundo dependiese de lo que ellos hagan. En María el mundo dependía de lo que ella hizo y aunque no hubo cámaras, ni redes sociales que inmortalizaron los mil detalles de cada día, su paciente y generosa entrega de cualidades y limitaciones puestas a rendir, rindieron, sin luces y sin aplausos.

La tarea que mas conocemos de María es su cuidado exquisito a Jesús, desde bebé a joven adulto, hasta el momento en el que supo estar de pie, al lado de la cruz de su hijo, con entereza y paciencia. Ella, como tantas otras personas de quienes aprendemos, se volcó en las actividades de cuidado al otro con tanta paciencia y dedicación que da la impresión de que el mundo estuviera pendiendo de la delicadeza de sus gestos.

Admiramos a María por muchas actitudes, cualidades, por su paciencia también y por eso animamos a los niños y jóvenes a imitarla y nos ponemos nosotros también, adultos, a la tarea.  Imitar a las personas pacientes, aquellas que tratan pacientemente a los demás, va más allá de la simple admiración ( que por otro lado es la lógica reacción ante alguien que tiene cualidades superiores a nosotros), pero esta admiración no puede conducirnos a la inactividad, al contrario, se ha de convertir en motor para nuestro propio esfuerzo y voluntad, para mejorarnos a nosotros mismos y para adquirir cualidades que no tenemos, desarrollando así nuestra riqueza personal. Al imitar lo más valioso  y noble de los demás no perdemos originalidad ni identidad sino que nos hacemos más nosotros mismos, pues estamos estirando al máximo nuestras posibilidades humanas. La paciencia es un bien intangible, un raudal de paz y de amable simplicidad. Tomemos ejemplo de las personas pacientes sin sentirnos mal por aprender, observemos cómo se comportan, cómo canalizan su agresividad, como dominan sus malos momentos, como nutren esa paciencia suya. María la alimentó en la contemplación el diálogo constante con Dios, con su hijo Jesús

La paciencia con uno mismo y el aprendizaje de la escucha y observación de nuestros ancianos que son unos sabios que pueden ayudarnos a saborear la virtud de la paciencia y su extraordinario valor para enfrentarse a las situaciones dolorosas de la existencia, nos pueden encaminar hacia una vida plena para nosotros y para toda la creación.

Ante tantas realidades dolorosas, crueles e injustas que atraviesa el mundo la rebelión que surge en el corazón y que sale en demasiadas ocasiones a la calle, no es una respuesta estúpida, sino una actitud racional ante la injusticia. Sin embargo no hay que olvidar que la revuelta que realmente cambia el mundo no se hace con la violencia, sino transformando el corazón de la gente. Y el corazón propio y de los demás se cambia con la paciencia, virtud que nos dota -como a María- de una fuerza interior capaz de cambiar este mundo mediante un esfuerzo prolongado en el tiempo.

Que la Niña María nos regale en sus fiestas, el don de la paciencia y que nosotros tengamos la paciencia de adquirirla y ponerla en práctica. ¡Felices y alegres fiestas de la Niña María!

 

Loly Corral Marín pvm

Escuela Hogar Madre Teresa, Granada

 

*Cfr La paciencia. Torralba Francesc. Editorial Milenio. Lleida 2012

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