Parábolas IV: La oveja perdida termina de fiesta

Parábolas IV: La oveja perdida termina de fiesta

En el contexto del Año Jubilar de la Misericordia, os proponemos una segunda parábola divertida con la que podréis trabajar otro de los rasgos de este Año Santo.

En la parábola anterior, la del buen samaritano, se nos presentó al Dios de la misericordia. Esta cualidad de Dios se tradujo en la obra concreta de atender y socorrer al necesitado, en ese caso el hombre que fue asaltado por los malhechores del camino.

En este cuarto vídeo sobre la parábola de la oveja perdida, podemos descubrir cómo la Misericordia del Padre se concreta en el pastor que, aún siendo de noche, va a buscar la oveja que se le había perdido.

Dios es así con nosotros. Da igual las veces que nos perdamos, que nos alejemos de su presencia, que nos marchemos de su lado. Le es indiferente lo que hayamos hecho, porque se conmueve profundamente y sale a buscarnos al camino.

Cuando nos encontramos lejos de Él, se conmueven sus entrañas, se estremece y deja todo por encontrarnos. Y una vez que nos ha hallado, nos dejamos recoger por Él, y nos regala una fiesta.

El Dios que nos presenta Jesús en el evangelio, este Dios Padre, no nos reprocha, ni nos echa en cara nuestra soberbia, nuestra indiferencia, nuestra debilidad, al contrario, su amor se traduce en un gozo y alegría desbordadas que sólo puede terminar como terminan las buenas historias, haciendo fiesta.

Hna. MªDolores Morillas Fernández, PVM

 

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